domingo, 12 de octubre de 2014

Zumo de naranja natural - Comprar Naranjas

Zumo natural de naranja.

 La capitalidad gastronómica se juega en los pequeños detalles

 

Recepción en la Mercedes Calles. :: HOY

 En la Fundación Mercedes Calles hacen las cosas tan bien que ponen zumo natural en las presentaciones y en las ruedas de prensa. Podrán discutirse algunos artículos galardonados en sus premios de periodismo e incluso podrá discutirse la concesión de su cafetería, pero ponen zumo de naranja natural y ese detalle tan anecdótico, tan nimio, representa la frontera entre las cosas bien hechas y la desgana. Y es que detrás de un zumo natural suele haber un mimo también hacia los grandes detalles: en esta fundación cuidan igualmente las exposiciones, las rehabilitaciones, los catálogos.

El zumo de naranja natural marca la línea roja entre los buenos y los malos hoteles. Da lo mismo si tienen dos estrellas o cinco. Si el zumo es de verdad, normalmente, el resto del hotel es tan natural como el jugo de las naranjas. Y al decir natural digo auténtico, agradable, sensible, profesional, acogedor y dulce, o sea, como un buen zumo recién exprimido.

Desgraciadamente, lo normal en los hoteles es el zumo de bote y lo mismo sucede en muchos bares, donde si quieres naranjas de verdad hay que pagarlas como si las trajeran de la China cuando las mejores están ahí al lado, en Lobón, y son muy jugosas, muy dulces y muy baratas.



Ahora que Cáceres vuelve a competir por un título, en este caso el de Capital Gastronómica de España, quizás retornen los actos sorprendentes y grandes y los eventos llamativos y rutilantes. Pero no es eso. Deberíamos saber ya que lo importante son los pequeños detalles, el cuidado en lo menor como señal preclara de que acertamos en lo mayor.
Lo que nos dará el título (para 2015 y para siempre), presiones y cuestiones políticas a un lado (en lo del 2016 fue fundamental la política, aquí parece que importa menos), será el día a día gastronómico. Ahí es donde nos la jugamos. Que los cafés de los bares se puedan beber y no sean bazofia. Que los cruasanes estén crujientes y no parezcan plástico incomible. Que las tostadas sean de buen pan y la margarina sea desterrada. Que no te sirvan perdonándote la vida, que no te cuesten en la plaza Mayor 2.50 las cañas si eres de fuera o desconocido y 2 euros si dejas claro que eres nativo. Que no te pongan a ti chochos de pincho y una tapa de patatas fritas con oreja con tomate al de al lado. Que no te claven con esa modernez para incautos llamada el cubierto, que no te has sentado a la mesa y ya te han cobrado cinco euros solo por entrar. Que dejen de abrir taperías y vuelvan a abrir restaurantes. ¡Caramba!, que la palabra restaurante no es sinónimo de 50 euros por persona, que se puede comer muy bien por 20. ¡Ah, y que el menú del día no sea sinónimo de menú grasiento! Estos detalles pequeños, tan descuidados en toda España, valen para ser capital gastronómica y también para no ser nada y, a la vez, serlo todo en cualquier pueblo o ciudad de Extremadura.
De las ciudades que compiten con Cáceres, la que menos suena es la más peligrosa: Lugo. Aunque la fama del marisco y la gastronomía fuera de Galicia se la lleven las rías, en aquella región hay un dicho muy antiguo que reza así: «Para comer, Lugo». En esa ciudad se tapea y se come de maravilla desde hace muchos años. A ella llega lo mejor del mar y del prado y sus precios son los mejores de Galicia.
Pero bien es verdad que en Extremadura hay emblemas gastronómicos que no tiene Lugo ni nadie. Las ciudades competidoras de Cáceres no están representadas en las tiendas de delicatessen de los grandes aeropuertos. Nosotros tenemos allí las cerezas en temporada y la torta del Casar, siempre. Al escuchar Cáceres, el oyente nos asocia con gastronomía: jamón, cereza y torta. Cartagena, Huesca y Lugo no provocan asociaciones rápidas y Valencia, solo con paella y mandarinas. Pero no debiera ser esa la batalla, sino la de los pequeños detalles: la copa adecuada, el pan del día, el baño limpio, el «parfum de fritangué» eliminado, el zumo natural. Y en ese punto, la verdad, cada vez somos mejores. Fuente


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