Peligra el mercado de cítricos de la Florida

Lake Wales, Florida --
El
cítrico siempre ha sido sinónimo de Florida.
La
naranja
adorna las chapas de los autos en el estado. El famoso estadio de
football de la Universidad de Florida recibió su nombre en honor a un
magnate de las naranjas. Hay incluso un condado que lleva el nombre de
Citrus.
Por décadas la industria de los cítricos siempre se ha
mantenido fuerte – ante las heladas, los huracanes y el impetuoso
desarrollo urbano..
Pero ahora la industria de $9,000 millones encara su mayor desafío,
que pone en riesgo la economía del estado y su propia identidad. La
culpa le corresponde a un insecto marrón moteado –no mayor que la goma
de borrar de un lápiz– portador de una enfermedad mortal.
En China, donde se descubrió el problema por primera vez, se le llama
Huanglongbing. La traducción, “la enfermedad del Dragón Amarillo”. En Florida le llaman simplemente
greening (reverdecimiento).
Llegó
junto a in insecto invasor llamado el Psílido Asiático del
Cítrico, que
se alimenta de las hojas de la planta y deja tras sí una terrible
bacteria. El
árbol sigue dando
frutas utilizables, pero eventualmente la
enfermedad obstruye sus conductos vasculares. Las
frutas se le caen y
el
árbol muere lentamente.
El psílido no es nativo de Florida, y
se cree que llegó con alguien que, inadvertidamente, trajo una parte de
un
árbol desde Asia. Algunos creen que se dispersó con los vientos de
los huracanes de hace una década.
Una enfermedad sin cura
Lo cierto es que no hay cura para el
greening, y ningún país ha conseguido erradicarlo con éxito.
Todo esto tiene a los citricultores de Florida en una carrera frenética para tratar de detener la enfermedad.
“Es
como si estuvieras en guerra”, dice Ellis Hunt Jr., cuya familia es
propietaria de más de 5,000 acres de naranjales y es parte de una
cooperativa que contribuye a Florida Natural, la mayor marca de jugos
del país.
Hunt estima estar gastando unos $2,000 por acre en
costos de producción, un incremento del 100% sobre los costos de hace 10
años. Buena parte de ello va a parar a nutrientes y a aspersores para
tratar de controlar a los psílidos, el insecto vector de la enfermedad.
La idea de que desaparezca su granja lo enferma.
“No podemos permitir que esto pase ante nuestros ojos”, afirma.
Casi todos los huertos del estado están afectados en varios grados por el
greening,
y los investigadores, citricultores y expertos coinciden en que la
crisis comienza a comprometer la prominencia de Florida como una
región de cítricos. Florida está en segundo lugar en el mundo, detrás de
Brasil, en la producción de naranjas, y produce alrededopr del 80% del
jugo en Estados Unidos.
En la última cosecha el estado projujo 104
millones de cajas de
naranja, que representan la mayor parte de la
producción total de cítricos de Florida. En el 2003 –dos años antes de
que fuera descubierto el
greening y antes de varios huracanes devastadores– se recogieron 243 millones de cajas.
“Esto
afecta a todo el estado. El impacto económico. El paisaje. La imagen
icónica de Florida y cómo atrae gente hasta acá para sentir el perfume
de los azahares en la primavera y mirar a la cesta de cítricos frescos
de la Florida como regalo de la Navidad”, dijo el comisionado de
Agricultura de Florida, Adam Putnam, cuya familia
cultiva naranjas desde
inicios del siglo XX.
“Tendrá un efecto de dominó sobre la economía si no podemos controlar esta enfermedad”, señaló.
La industria puede colapsar
Los
expertos creen que si no se halla una solución, la industria del
cítrico de Florida, completa –con sus 75,000 empleos– pudiera colapsar.
Para hacer más grave el asunto, la enfermedad coincide con un incremento
en la competencia del extranjero y con una disminución en el consumo de
jugos porque los consumidores andan más atentos al consumo de
carbohidratos. En julio, el jugo de naranja al detalle cayó a su menor
nivel en 12 años por segunda vez consecutiva en un período de cuatro
semanas.
El estado mayor en la guerra contra el Dragón Amarillo se
encuentra en Lake Alfred, a 30 millas al suroeste de Walt Disney World,
en un clúster indescriptible de edificios del Centro de Investigación y
Educación de los Cítricos de la Universidad de Florida.
Allí,
algunos de los mejores investigadores de cítricos del mundo –desde
Estados Unidos, China, Brasil, India– viven tras los microscopios y
escudriñan dentro de los invernaderos improvisados, con la esperanza
de destrabar el rompecabezas del
greening. Hablan de nucleótidos y genomas, como la gente normal pide un sándwich.
Los
investigadores se están concentrando en dos cosas: una solución a corto
plazo que permitirá sobrevivir a los árboles existentes, y una solución
a largo plazo –posiblemente dentro 3 o 5 años– para desarrollar un
árbol resistente al
greening.
“Mucha
gente anda buscando curas milagrosas”, dijo Jude Grosser, profesor de
horticultura que ha pasado su carrera de 30 años en el desarrollo de
variedades de cítricos y que ahora se centra en la buscar la cura del
greening. “Pero la respuesta al
greening contendrá varias piezas diferentes. Nuestra parte es encontrar la resistencia genética a la enfermedad”.
Algunos
productores se toman el asunto en sus manos. Rick Kress, presidente de
Southern Gardens Citrus, ha contratado un equipo de investigadores
privados para trabajar en la modificación genética de un árbol
resistente al
greening con el ADN de las
espinacas. Kress entiende que introducir un jugo de naranja modificado
genéticamente podría crear otro obstáculo por cuenta de la percepción
pública de estos alimentos.
Pero la alternativa –que no haya jugos del todo– es impensable.
“Independientemente de los retos”, insiste Kress, “el jugo de naranja de la Florida no va a desaparecer”.
Fuente
Naranjas valencianas las de Valencia al natural, las de verdad.